El rock nacional fue una de las noticias del último fin de semana. Como en cada febrero desde 2001 a la fecha, Córdoba recibió a miles de seguidores con el histórico Cosquín Rock, un festival que dura dos días y que se extiende a otros países de América Latina. Pero la noticia la terminó dando la política y su asombrosa capacidad de camuflarse en lugares en los que, al menos en otros tiempos, no solían ser bienvenidos.

El evento que diseña el músico y productor José Palazzo fue mutando hacia otros ritmos que lograran cautivar a la masa de consumidores, aunque siempre intentando respetar la tradición rockera. Mientras aparecen figuras argentinas vinculadas al trap y al regueton como Wos, Trueno María Becerra, entre otros, también se destacan Skay Beilinson -ex guitarrista de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota- y Divididos, el grupo que lidera Ricardo Mollo y que en los últimos tres años logró recomponer su vínculo con la organización tras largas ausencias.

El gigante evento rockero surgió durante el estruendoso estallido del 2001 y sirvió como un refugio para aquellos jóvenes desamparados que solo encontraban consuelo en la música para escapar, al menos por un momento, de la realidad que acontecía con la crisis del corralito, la venta de empresas al extranjero y la agobiante convertibilidad que inició Carlos Menem y que dejó en funcionamiento Fernando de la Rúa.

Creer o reventar, al Cosquín Rock asistió Patricia Bullrich, ex ministra de Trabajo en el Gobierno de la Alianza, recordada por haber recortado el 13% de los salarios a trabajadores y jubilados estatales. También fue ministra de Seguridad de Mauricio Macri y una de las apuntadas por el presunto involucramiento que tuvo Gendarmería en la desaparición y muerte de Santiago Maldonado en 2017. La cara de Maldonado, pese a la utilización política del actual Gobierno, se vio en las banderas y carteles de muchos jóvenes rockers que exigían una respuesta política.

Tweet de Patricia Bullrich

"La piba" (así la suelen llamar a Bullrich en algunos sectores de Juntos por el Cambio recordando -no con poca ironía- el apodo con el que la bautizara Hugo Moyano), entró al festival de Córdoba por la puerta principal, escoltada por Palazzo y los organizadores. Lejos del castigo popular -aunque sí recibió algunos abucheos-, la actual presidenta del PRO se paseó por varios escenarios y hasta tuvo el privilegio de vivir conciertos desde las zonas VIP, algo a lo que ni siquiera pudieron acceder los que compraron boletos VIP -costaron $18.000 por los dos días-. El ingreso a campo por la doble jornada tenía un valor individual de $12.000, sin contar otros gastos como traslado y hospedaje.

Lo cierto es que el Cosquín dejó de ser un refugio popular y en la actualidad no es más que otro evento cultural al que no todos pueden acceder en tiempos de crisis como hoy. En el recital, Bullrich se cansó de sacarse fotos y hasta de participar en algún que otro "pogo" con algunos de esos fanáticos. Lo curioso es que sintió comodidad en un lugar en el que se reclama por la legalización de la marihuana y, ahora con menor medida, en la asistencia del Estado para sectores desprotegidos.

"Cosquín Rock recibe a todo el mundo. El sábado recibí al ministerio de Cultura de Cuba, también al ministerio de Cultura de La Nación. Recibí al ministro López de la provincia de Córdoba y me avisaron que había una delegación que quería conocer el Cosquín y que estaba incluida Patricia Bullrich", le sintetizó Palazzo a este medio.

Tweet de Laura Rodríguez Machado

"¡Qué impresionante vivir desde adentro el @Cosquin_Rock! Un festival que convoca a las mejores bandas. Me llevo todo el cariño de los jóvenes que vinieron a verlo, de Ushuaia a La Quiaca. ¡Gracias por este recibimiento!", dijo Bullrich en su cuenta de Twitter, rodeada de fanáticos que, a lucir por su performance, nada tenían que ver con la cultura rock. Un curioso detalle es que a la ex ministra se la vio en una foto utilizando la remera del Cosquín, que tiene como uno de sus principales sponsors a la petrolera de bandera nacional YPF, la misma que terminó en manos de la multinacional Repsol y que volvió a ser estatizada durante el kirchnerismo.

La intromisión de otros sectores pudientes a un género que supo ser bandera de protesta es pura y exclusivamente un problema del rock, que tampoco muestra grandes inconvenientes por revisar sus fuentes. Y menos después de dos años de pandemia donde lo único que importa es poder recuperar lo perdido por la crisis del covid-19. Sin ir más lejos, el recital lo cerró Juan Carlos "La Mona" Jiménez, quien días atrás se fotografió con el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta.

Es claro que hoy ya no quedaron muchas consignas que se lograban respetar en el pasado. El "solos y de noche" de Los Redondos pasó a ser un "todos juntos y a la luz del día" según el manual de Skay. No dista tampoco de lo que hace el Indio Solari con sus Fundamentalistas del Aire Acondicionado, que en pocos días tendrán una intensa gira por España, algo que hubiese sido impensado para la legendaria banda que administraba Solari, Beilinson y la "Negra" Poly.

Bullrich demostró en su última visita al Cosquín Rock que algunos patrones de conducta cambiaron y que en el rock ya no existen malas palabras para los que toman decisiones desde la botonera del Estado. El "As, lo tuyo no es el rock" ya no es una moneda corriente en estos tiempos, ya no existe esa marginalización o señalamiento a aquel que quería entrar en la cultura pero que no contaba con el "target" de los barrios. Y si aparece alguna provocación, ya no contiene la misma fuerza.

El último caso fue el de Patricio Santos Fontanet, ex lider de Callejeros y actual referente de la banda Don Osvaldo, quien cuestionó el discurso liberal de Javier Milei y hasta lo acusó de ser un "nazi". El rockero, que estuvo preso hasta hace pocos años por ser, según la Justicia, uno de los responsables de la masacre de Cromañón, recibió un aluvión de críticas y hasta una amenaza de demanda del líder libertario, otro que se apropió de la cultura rock y que utiliza una célebre canción de La Renga para despertar a sus "leones", tal como llama a sus seguidores políticos.

HOLA A TODOS, YO SOY EL LEÓN!!! - Cierre de Campaña Javier Milei - 6/11/21 - Parque Lezama

La banda comandada por Gustavo "Chizzo" Nápoli le advirtió a Milei que "está mal, legal y moralmente, tomarse la libertad de usar esas canciones para una campaña política y beneficio propio", en un marcado rugido que poco le importó al actual diputado nacional. La Renga es una de las pocas bandas que sufre su "desobediencia" al poder en carne propia: a la fecha, todavía tiene complicaciones para poder tocar en la Ciudad de Buenos Aires o en otras provincias.

Bullrich y Milei demostraron que la "casta política" puede penetrar en los márgenes del rock nacional para incluso manipularlo en su favor. La ex ministra logró su cometido en Córdoba y dotó a su espacio PRO de músculo político para discutir qué tan de derecha será la coalición de Juntos por el Cambio para 2023. En tanto, el líder liberal, que coqueteó en numerosas oportunidades con Bullrich, se llevó a su bolsillo una marca registrada. La Renga seguramente haya recibido más ingresos por los "clicks" liberales, si es que reprodujeron su canción en el canal oficial. ¿Se viene el estallido, ese al que desafiaban las bandas? No, es algo más complejo, porque nuestro amo está jugando al esclavo. Y por lo visto, a algunos les está sirviendo.